Doña Eufrasia… 100 años de amor

 “Diosito es el que sabe, es el que me tiene aquí…”, dice la abuelita centenaria

Miguel Oscar Pérez
CD. BENITO JUÁREZ, N.L.-
Vivir 100 años es difícil, pero conservar el amor y el respeto de su gente a lo largo de ese siglo, es todavía más difícil y aún más en estos tiempos donde se esfuman los valores y el amor y el respeto ya suena pasado de moda.
Doña Eufrasia Rodríguez Corpus, es un abuelita centenaria quien cumplirá un siglo de vida este próximo 13 de marzo, pero será festejada en grande por su familia el día 10, tres días antes.
Madre de 10 hijos, de los cuales aún le sobreviven cuatro, con 29 nietos, 67 bisnietos, 15 tataranietos y cuatro choznos (hijos de tataranieto) Doña Eufrasia supo con buen trato ganar el amor de su familia, quienes la rodean y la consienten.
Lúcida completamente, pero con leve falla en su audición, la abuelita contesta coherentemente cada pregunta de quien esto escribe.
Hija de don Cayetano Rodríguez y Tiburcia Corpus, doña Eufrasia nació el 13 de marzo de 1919 en una comunidad llamada Santa Gertrudis en el estado de Zacatecas.
Cuando despuntaba su adolescencia, a sus 13 años, doña Eufrasia conoció a Agustín Rodríguez, de 15 con quien se casó por las dos leyes y procreó a Cruz, Francisco, Eusebio, dos hijos de nombre Juan, al perder uno de ellos repitió su nombre, dos gemelas que perdió pequeñas, Humberto, María Hilaria y Tereso.
El reportero le pregunta cómo había conocido al amor de su vida y doña Eufrasia, de su rostro serio y sereno, dibuja una sonrisa al recordar aquellos momentos de su noviazgo que terminó en un matrimonio, hasta hace más de 20 años que su pareja de vida se fue al cielo.
¿Qué le gustó de Agustín, era guapo?
“Pues no, pero no era feo”, responde la abuelita ahora si con una sonrisa más fuerte, mientras se iluminan sus ojos.
Relata que tuvieron que venir a Juárez, al enfermarse de gravedad una de sus hijas, al recuperarse su hija mayor no permitieron que se fueran y vivieron en Los Ebanitos, allá por 1959.
Su esposo se dedicó a cuidar granjas y las labores propias de las mismas y de la mano de doña Eufrasia, educó a sus hijos con respeto y disciplina.
A su edad, lleva una vida sana, sin ninguna enfermedad grave, excepto la alta presión, doña Eufrasia no lleva ninguna dieta rigurosa y come lo mismo que cualquier persona se le pregunta cómo le hace para vivir tantos años.
“Diosito es el que sabe, es el que me tiene aquí en este mundo todavía”, responde sonriente al entrevistador.
Se le cuestiona la diferencia entre los jóvenes de hoy a los de su juventud y advierte que no hay comparación.
“Los de ahora, andan en muchas fiestas, ahora tienen más libertad y donde divertirse”, asegura.
Por último, se le pide un consejo a las mujeres de hoy
“El consejo que les doy es que vivan bien con sus maridos, que no se desaparten, como yo nunca me desaparté del mío. Siempre vivimos juntos”, dice doña Eufrasia al reportero.
La entrevista se desarrolló en la casa de una de sus hijas en la calle Severino Garza cruz con Julio Cisneros.
María Hilaria, su octava hija la describe como una madre amorosa y buena, dedicada al hogar y a su familia, quien los educó para ser hombre de bien y la cultura del trabajo.
“Mi mamá era una mujer trabajadora, dedicada al hogar, a cuidar su familia y a mi papá también, con nosotros era buena y cariñosa y nosotros obedecíamos y ellos para nosotros fueron muy buenos padres”, concluyó una de las hijas más chicas de esa legendaria madre.

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