¡Los valientes no asesinan¡

Por: Dr. José Ascención Tijerina Flores

El 13 de marzo de 1858 se escucharon esas palabras en boca de don Guillermo Prieto (entonces secretario de hacienda) , y con ese grito desesperado salvaba la vida de don Benito Juárez en la ciudad de Guadalajara. Ahí había sido arrestado por las tropas del coronel conservador Antonio Landa, quedándose a un instante de ser fusilado.
Juárez se encontraba en Guadalajara debido a que en el mes de diciembre anterior, el Presidente Ignacio Comonfort se unió al pronunciamiento que desconoció la nueva Constitución, disolviendo al mismo congreso ante el cual había jurado lealtad.
Junto al General Félix Zuloaga y Manuel Payno, Comonfort encabezó el Plan de Tacubaya y mando apresar a Juárez, (entonces Presidente de la suprema Corte) sin embargo, el oaxaqueño estuvo pocos días en prisión, pues en los primeros días de enero de ese año, Comonfort dio marcha atrás y lo liberó apoyado por las tropas leales a la Guardia Nacional.
Zuloaga fue proclamado Presidente por los pronunciados y a la vez don Benito asumió la Presidencia, ya que en ausencia de Presidente Constitucional estaba obligado a hacerlo según establecía la ley.
Juárez abandonó la cuidad de México junto con su gabinete y se dirigió a Guanajuato donde el político y general liberal Manuel Doblado le ofreció su apoyo respaldado por las fuerzas del general Anastasio Parrodi. Después de cruentas luchas en Celaya entró Juárez a Guadalajara el 16 de febrero de 1858 con su comitiva.
Don Benito instaló su gobierno ahí y en la primera decena del mes de marzo se libro una batalla en Salamanca entre las fuerzas liberales de Parrodi apoyado por Santos Degollado y Leandro Valle y los conservadores de Luis G. de Osollo, Miguel Miramón y Tomas Mejía donde los liberales fueron derrotados. Juárez dijo a Guillermo Prieto al recibir la noticia de la derrota “Guillermo, ha perdido una pluma nuestro gallo” .
El 13 de marzo, Juárez se reunió con su gabinete en Palacio de Gobierno pero tenía conocimiento de rebeliones por lo que envió al General José Silverio Núñez, solo para confirmar la traición de parte del Coronel Antonio Landa, quien enfrento a Núñez con pistola en mano disparando a quema ropa tocando la bala en el reloj de oro de Núñez salvando milagrosamente la vida, pero siendo apresado y mantenido bajo custodia.
A las 10 de la mañana Landa y su 5to batallón se amotinó y con gritos, tropel de caballos y confusión, desarmaron a la guardia nacional y tomaron preso a Juárez con los ministros: Ocampo, Prieto y León Guzmán, como también al General Refugio González; Fermín Gómez Farías y otros.
Antes que huir Prieto prefirió quedarse en Palacio y estar pendiente de la suerte de sus amigos a pesar de que algunos lo incitaron a irse, entonces se identificó ante los amotinados y dijo: “soy Guillermo Prieto, Ministro de Hacienda y quiero seguir la suerte de Benito Juárez”.
El domingo 14 por la mañana el general Miguel Cruz Ahedo, intentó liberar al Presidente, los amotinados fueron sorprendidos, pero con cargas de fusil lograron defender a los atacantes. El jefe del motín dió la orden de fusilar a los prisioneros, los presos se refugiaron en el cuarto donde estaba Juárez quien avanzó a la puerta teniendo a su espalda a Guillermo Prieto.
Aquella Columna con sus armas recibió la orden al abrirse la puerta: “Al hombro, Presenten armas, Apunten y (según relata el propio ministro de hacienda) tomé de la ropa al señor Juárez y lo puse a mi espalda y ahogando la voz de fuego, grite: ¡Levanten esas armas, los valientes no asesinan ¡ quieren sangre? bébanse la mía, entonces grite vivas a Jalisco y entre lagrimas de los que ibán a ser fusilados se retiraron los que fusilarían como por encanto, Juárez se abrazó de mi, mis compañeros me llamaban su salvador y el salvador de la reforma y no me pude resistir, yo también estallé en llanto”.
Juárez continuó su peregrinaje al embarcarse en Manzanillo y tomar hacia Panamá, cruzar el estrecho hacia Cuba y Nueva Orleans para llegar a Veracruz instalando su Gobierno ahí y luego dirigir la guerra contra los conservadores hasta lograr el triunfo definitivo en diciembre de 1860.
(tomado de los apuntes del historiador Ricardo Cruz García).
Este hecho poco conocido de la historia pudo haber cambiado por completo el rumbo de la misma, por estar conmemorando esta fecha a muchos años de distancia hoy la recordamos.

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