La economía de la región… en el siglo XVIII

Por: José Ascención Flores Tijerina

Durante el periodo Virreinal, el Nuevo Reino de León tenía una economía basada en la minería y la ganadería principalmente.
La actividad minera se vio afectada por la escases de tecnología y capital, falta de “azogue” (mercurio) pólvora, mano de obra y herramientas, pero sobre todo la inestabilidad social debido a la guerra constante con los indios.
La autoridad vigente disponía que las riquezas del subsuelo pertenecían a la corona Española, quien a sus vez la cedía a ciertos particulares para su explotación mediante el pago del 5to. Real, es decir el 20% de la producción como impuesto, por eso en la frontera norteña mucha plata fue sacada de contrabando, es decir sin “quintar”.
Martín de Zavala fue uno de los más destacados promotores de la minería impulsando la extracción de plata y Greta. Se experimentaron auges muy importantes como los producidos en los minerales de “La iguana” y “Boca de Leones” ubicados en Lampazos y Villaldama respectivamente y que llevaron a los gobernadores a recidir en esos reales mineros a fin de vigilar su explotación en el siglo XVIII.
Sin embargo, los reales de minas funcionaron más bien como detonares de centros urbanos que como productores de metales preciosos.
En la jurisdicción cercana a Monterrey quedaron comprendidas muchas minas de plata y Greta que fueron explotadas durante el periodo Novo Hispano siendo las más conocidas: El mineral de San Pedro y San pablo ubicados en el cañón del diente al sureste de Monterrey y Santiago, así como las localizadas en Santa Catarina, la producción de estos sitios se exportaba hacia San Luis Potosí y Zacatecas.
La Ganadería
Durante la época Virreinal la actividad ganadera fue muy importante en el nuevo Reino de León, sin embargo, la dificultad para la explotación de equinos y el monopolio de pieles de ganado bobino, ovino y caprino además del abigeato impidieron una prosperidad mejor.
Según datos de Don Israel Cavazos, muchos de los primeros pobladores de la región tuvieron grandes cantidades de ganado caballar y bovinos como también ovinos y caprinos. Testimonios de la época coinciden con lo escrito por el cronista Alonso de León en que “Estas tierras de los mejores pasto casi siempre verdes”. Disponer de tierras fértiles era un asunto vital para la cría de estas enormes pastorías.
Según Cavazos Garza, originalmente los mayordomos de los grandes dueños de ganado recurrieron a la renta de agostaderos, pero al darse cuenta de las riquezas de la tierra en que abundaban pastos, aguajes y salitrales, los solicitaron en “merced”.
Fue el Gobernador Martín de Zavala quien otorgó las mercedes en la región, pue estaba facultado en las capitulaciones de 1625 para repartir tierras, solares y ejidos con la condición de que no afectaran tierras de indios o de terceros.
Así, atraído por la bondad de la tierra, Antonio Leal llegó en 1635 procedente de Huichapan del Estado de Hidalgo con gran rebaño de 30,000 ovejas propiciando la trashumancia de ganados menores y estableciendo la zona preferentemente como ganadera.
Los ganados entraban en noviembre y salían en mayo a sus lugares de origen, tenían señaladas sus rutas y cañadas. Fue tal la abundancia de semovientes que las compras y o deudas se pagaban usando el ganado como moneda. La bonanza económica hizo posible la creación del Obispado en 1777, surgiendo además la industria textil, la del cuero y el cebo.
El impacto de esta actividad ganadera fue muy amplio en los pueblos, pues comprendía toda una cadena de procesos que iban del apareamiento, el ahijadero, la trasquila, la preparación y conservación de los cueros, trabajo de herraje o marca del ganado. El ganado mular creado en la región fue muy bien cotizado en los centros mineros del país.
El recuerdo de este auge ganadero aún perdura en el nombre de algunos lugares ejem: Puerto de pastores, Paso de las cabras, Puesto de la parida, Las Alazanas, La Asufroza, El Salitral, El Capadero (Ramones N.L.), El Reparo (Allende N.L.), La Manteca (Los Herrera), La Salina (Salinas Victoria) por mencionar algunos ejemplos de ello.
La charrería Mexicana, y el rodeo texano se practicaron en la región de manera rústica desde el siglo XVII, así como en la gastronomía aún persiste el gusto por la carne asada, el cabrito al pastor y por supuesto el platillo típico de Cadereyta “Los Cuajitos”.
(Datos tomados de un libro que no llegó a publicar el maestro cronista e historiador Don Israel Cavazos Garza)
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