Guerra Sucia

Por: David López

Esta última semana ha estado llena de dimes y diretes en cuanto a la corrupción nauseabunda que despide la política mexicana gracias a los políticos de última generación, están por igual políticos mayores de 50, que menores de 40 años. ¿Qué si Anaya lavó dinero? ¿Qué si Meade desvió dinero? ¿Qué si Gómez Urrutia si robo y no se le comprobó? Y un largo etcétera. En el sentido clásico del pensamiento político, la corrupción es el abuso autoritario del poder, tal concepción se expresa en la frase de Lord Acton “el poder corrompe y el poder absoluto corrompe absolutamente” En la actualidad el abuso de poder se materializa en el enriquecimiento ilícito de los políticos o en general de las autoridades, pueden ser por corrupción personal, corrupción oficial (causas u organizaciones) gracias a los cargos que desempeñan. Aquí es donde los ciudadanos debemos asumir nuestra responsabilidad, frente a la institucionalización de la corrupción, que por ser un acto inmoral que afecta no solo el cuerpo social, sino intelectual del país, nos compete por tratarse de uno de los principios constitucionales que la ley declara. Apresurémonos en ordenar la casa, terminando con la impunidad y reasumir nuestra obligación frente a la sociedad en un papel ético. Así, como para el médico es combatir la enfermedad; para el abogado, defender el derecho y la inocencia; para el político, trabajar por el bienestar del ciudadano; para el Político debería de ser; el desempeñarse con toda corrección en todos los campos del quehacer social, combatiendo el engaño, la mentira, el fraude, la politiquería partidaria y divisionista. Sostener como pilar fundamental un sistema democrático, ético y moral, para mejoramiento del tejido social. Los ciudadanos tenemos que insistir en transparentar la justicia, la administración, la política, los negocios del estado, que actúen con honradez, lealtad y humildad. Exijamos se establezca en las escuelas, una ética social que guíe, más allá del alcance de la Ley por ser esta, hábilmente escamoteada por la viveza criolla de los políticos. “Ningún trabajo honrado fabrica ricos a corto plazo”. Que el niño y el joven entiendan que el ordenamiento social se rompe y altera, no solo con la violación de la ley, sino también con la violación de las normas morales que rigen en la sociedad, donde muchas veces se disfraza lo malo como legal y lo bueno como malo, arte con el cual nos engañan a moros y cristianos y no los alcanza el brazo de la Ley. Las nuevas generaciones de universitarios, profesionistas, industriales, comerciantes, banqueros, deben aprender a admitir que no todo lo que es benéfico para ellos, es bueno para la sociedad y que las malas prácticas tendrán una sanción legal invistiendo al infractor como un tramposo sin escrúpulos ni dignidad. Como se ve, la tarea no es fácil. Es que nunca lo ha sido. Orientar al que no sabe, así como aprender del estudioso para transmitir al iletrado, y la crisis que agobia a las instituciones de nuestro país, radica en buena parte, a la falta de ilustración y de consistencia moral, de la que se debe dar testimonio en todo nuestro entorno. Por ello volvemos a insistir: “Tratemos de corregirnos, poniendo de manifiesto en todas nuestras actividades públicas, privadas y sociales, las mejores cualidades y actitudes, frente a una sociedad encabronada por tanta corrupción, sobornos, peculado, extorsión, tráfico de influencias, abuso de información privilegiada. Todos estos calificativos son de un estatus generalizado en la actualidad, que los diputados y senadores ya no pueden producir leyes y normas que las restrinjan, porque se mueven en una atmósfera de densos elementos como el cinismo y la hipocresía. Y que al redactar y aplicar leyes en verdad duras para combatir la corrupción, muchos tendrían que irse por deshonestos y corruptos. (HASTA LA PRÓXIMA SDQ)

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