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Tiempos mejores

Las últimas encuestas sobre la carrera presidencial, aun y las diferencias o variaciones que puedan tener, coinciden en que José Antonio Meade se rezaga en el tercer lugar. Por ejemplo, la encuesta que presenta el periódico El Universal de Buendía & Laredo, publicada el 29 de enero, lo sitúa en un tercer lugar 10 puntos debajo de Anaya y 16, de López Obrador.
El panorama pinta más dramático para los tricolores, pues no sólo Meade no despega, sino que los sondeos indican que perderían gubernaturas que tienen como Jalisco y Yucatán, y todavía peor, los pronósticos se inclinan a que no ganaría ninguna de los nueve estados donde hay elección.
Me parece muy apresurado decir que ya se cayó, estamos apenas iniciando febrero, sin embargo, es muy sospechoso que el Gobierno haya dejado pasar una encuesta con esa tendencia. Para algunos esto sería el indicio que Meade repetirá la triste historia de Josefina Vázquez Mota en el 2012, donde el expresidente Calderón la bajó hasta dejarla en un tercer lugar.
Sigo pensando que Meade podría ser buen candidato, desgraciadamente las circunstancias que lo rodean lo hunden. Para empezar, el reto era muy complejo, tenía que convencer a los no priistas que era un candidato ciudadano desligado de este partido, y a los priistas tenía que convencerlos que era de ellos.
Hasta hoy, ha sucedido lo contrario, pues para los no afines al PRI no es un ciudadano sino todo un priista; y para los priistas, no es uno de ellos sino un ciudadano que llegó a robarles un espacio el cual debía ocupar alguien con arraigo entre ellos.
Por otro lado, el nombramiento de los candidatos priistas a las gubernaturas lejos de ayudarle, están afectándolo. Para muestra el caso de Chiapas donde la imposición de un priista creó la desbandada de los del Verde Ecologista que ahorita son mayoría.
Sin que suene a justificación o defensa de Meade, parece ser que no toda la culpa es de él, pues el hecho que las encuestan apunten a la debacle generalizada, nos hace pensar que hay un factor en común en que no levanten. Efectivamente, adivinó usted amable lector, la raíz del problema tiene nombre y es: Enrique Peña Nieto.
Ahora bien, la idea de cambiar de candidato no suena factible, pues si Meade no logró atraer la simpatía de los ciudadanos, menos lo hará un priista de hueso colorado y más si se relacionado con Peña, como es el caso de Aurelio Nuño.
Así las cosas, no negamos, como lo dice la famosa canción de Yuri, que siempre vendrán tiempos mejores, pero en este momento todo parece indicar que será después del 1 de julio y no antes.
Esta es mi opinión, usted tiene La Última Palabra.

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