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Tierra y Libertad

Por: Ing. Jesús Herrera Rábago

¡Zapata vive, la lucha sigue! Se escucha en infinidad de manifestaciones a lo largo y ancho del país, sobre todo en los temas agrarios. Si este grito de lucha sigue siendo actual, en definitiva es porque algo hizo bien este caudillo de la Revolución.
Este miércoles pasado se celebró el centenario de su muerte, quien fue asesinado en una emboscada preparada por el coronel Jesús Guajardo, quien fingió desertar del ejército y fue ganando su confianza dándole pruebas al fusilar a algunos soldados federales y mandarle armamento, para luego citarlo en la Hacienda de Chinameca donde el 10 de abril de 1919, lo recibió a balazos.
Su muerte salió contraproducente al Gobierno, pues en lugar de desterrar su nombre, el resultado fue que tomó más fuerza pues se convirtió en el apóstol de la revolución y símbolo de los campesinos desposeídos. Al grado que surgieron leyendas, que perduran hasta el día de hoy, donde se asegura que no fue el caudillo quien murió en esa emboscada.
Nació en el campo y desde pequeño vivió con campesinos oprimidos por los grandes terratenientes con sus abusos y tiendas de rayas. De ahí viene su lucha férrea a favor de los campesinos, que fue clave en la Revolución pues logró “prender” en el sur la lucha revolucionaria al apoyar a Francisco I. Madero en su afán por restablecer la democracia.
Zapata le sumó a la Revolución la base social campesina al reclamar que las grandes haciendas fueran repartidas entre los campesinos, lo cual fue el origen del agrarismo mexicano. De ahí su lema: “Tierra y Libertad”.
En el imaginario colectivo mexicano se convirtió en el padre de la reforma agraria. Diego Rivera lo inmortalizó en su cuadro titulado “Zapata líder agrario”, donde aparece junto a su caballo blanco, guiando a un grupo de campesinos que portan sus herramientas agrícolas como armas.
Es obvio que tuvo errores y fallas, y como todo ser humano debió tener defectos, sin embargo, es innegable que fue parte importante en la Revolución Mexicana, y junto con otros como Madero, Villa o Carranza, lograron sacarla adelante.
Así las cosas, habría que decir que Zapata quizá no es tan grande como lo quieren hacer ver muchos políticos para colgarse de su lucha, pero tampoco tan chico como muchos historiadores insisten en describirlo. Aunque a mí me basta su famosa frase: “prefiero morir de pie, que vivir arrodillado”, para reconocerle su grandeza.
Esta es mi opinión, usted tiene La Última Palabra.

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