Lo que esconde el maquillaje de un payaso

Cuando hay que guardar las lágrimas detrás de una nariz roja y pintar de colores las tristezas

Miguel Oscar Pérez
CD. BENITO JUÁREZ, N.L.-
Vemos las caras chistosas de los payasitos, sus bromas y esas sonrisas que contagian, pero muchos ignoramos que esa pintura de colores esconde drama, llanto, sentimientos y a veces dolores que disfrazan de alegría.
La Última Palabra entrevistó a tres payasitos de Los Greñuditos y Greñuprincess, quienes revelan cómo se tiene que arrancar risas al público, cuando se tiene el corazón partido o con grandes problemas en su vida.
Roberto Guadalupe Rivera Ramírez de 22 años tiene como su personaje a “Jaibito Greñudito”, narra que desde niño le gustaba maquillarse como payasito, pero un amigo lo invitó a acudir a Los Greñuditos y se enamoró de su trabajo desde hace seis años.
El payasito cómico dice ser admirador del Payaso “Rayito” de CDMX cuya especialidad es “trampa” de quien ha aprendido mucho.
Madre de tres hijas, Daisy Juliana Raygoza Silva, mejor conocida como Yuyus Loves Greñuprincess, dice que para ella es un desahogo cuando trae algún problema y tiene que hacer reír a la gente, el show la relaja y la hace olvidar todo aquello que la entristece.
¿Te ha tocado hacer reír a la gente mientras tú por dentro lloras?
“Si, me tocó una vez una niña que fuimos a un hospital por el aeropuerto que me regaló una cerbatana, después supe que la niña estaba en una fase terminal. Esa niña mucho después de haber hecho ese evento vino y me siguió y me andaba buscando su mamá. Ese día que me buscó yo dije ya no voy a hacer payasa”, dice mientras sus ojos lucen húmedos.
Asegura que al ver la niña recapacitó en su deseo de ya no ser payasita y comprendió que tenía como misión divina el hacer reír a los niños.
La niña partió al cielo, dejando en el corazón de Yuyus Loves un bello recuerdo de su vocación.
Agrega que sus tres hijas aman la profesión de su madre y que entre sus juegos está la caracterización y que ella ve en un futuro a sus pequeñas abrazando su profesión que tanto le ha dado a ella como artista.
“Yo me las imagino de grandes y digo: ¡qué padre, van a seguir! Y yo las veo como que si van a dedicarse a esto y si eso les llama la atención, pues que bien”, exclama la simpática payasita cómica.
Dentro de la entrevista se encontraba Yandeli Greñuprincess, cuyo nombre verdadero es Rosa Linda Flores Morales, pero que puso el nombre a su personaje como su hija de dos años y medio, ya que aunque ella tiene 18 años, se responsabiliza de mantener a su pequeña.
Payasita desde los 15, la más chica de los tres entrevistados, relata que a ella le nació su vocación cuando vio una foto de su padre vestido de payaso para hacer reír a sus hermanos y que desde muy pequeña ella se caracterizaba para jugar como payasita, hasta que la vida le dio la oportunidad de hacer lo que más amaba: hacer reír a la gente.
Relata como anécdota que en alguna ocasión fue aun evento donde se encontraba una niña con cáncer, vestida de banco y con una banda en su cabeza y se acercó a ella para decirle que le gustaba mucho su peluca y le pidió que si se la regalaba.
“Empecé a llorar, pero mi mánager me dijo que tenía que ser fuerte y tenía que hacer reír a la niña que tenía que sacarle muchas sonrisas a la niña y pues saqué el show”, relata la payasita Yandeli.
¿Has hecho el show con tristezas con problemas?
“¡Claro! Como dicen detrás de esta peluca, detrás de esta nariz, detrás de este maquillaje, pues tenemos otra vida. Pues mi vida si es un poco complicada”.
¿Has llorado con tu maquillaje Yandeli?21
“Muchas veces”, responde.
Yandeli recuerda también el caso que La última Palabra publicó sobre aquella madre a la que su ex esposo le negó que estuviera presente en la fiesta de 15 años de su hija y que tuvo que vestirse y caracterizarse para poder entrar y entregar el regalo a su hija en un ingenioso alarde de desafió por el amor de su hija.
Ellos son los payasos, aquellos a lo que se les exige la risa y la carcajada y lo hacen cuando tiene su mundo hecho pedazos.
Ello que ven a futuro un mundo feliz donde todos los niños sonríen y la vida tenga los colores de sus maquillajes, aunque por dentro vivan la obscuridad de los problemas y con ellas las necesidades.
Una de las más nobles profesiones, que todos exigen, pero que muy pocos comprenden

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