Usted tiene… La Última Palabra

Mantuvo consistencia

Por: Ing. Jesús Herrera Rábago

Un principio básico, que dicta la ética, para el actuar de las personas es que “ante la duda”, no se debe actuar”. Es decir, cuando no se cuenta con la certeza o la evidencia, es necesario primero buscar salir de ella, cuando esto no es posible lo ideal es buscar no hacer daño con la decisión que se va a tomar.
Esta semana vivimos algo histórico en Nuevo León: la anulación de las elecciones del municipio de Monterrey. Es cierto que en la historia han existido este tipo de casos, pero nunca se había realizado en la capital del estado.
Como lo mencioné en esta misma columna, hace ocho días, cuando la diferencia entre los dos punteros de la elección es muy amplia, no hay duda de que dichos actos o fallas que se impugnan no afectan el resultado. Un evento anticipado, un grupo musical en un cierre de campaña, no es razón suficiente para tomar la decisión de revertir el resultado o anular dicha elección.
Sin embargo, en una elección cerrada donde la diferencia no es ni el uno por ciento, como fue el caso de Monterrey, los eventos como son la falta de actas, fallas en la custodia, votos nulos en las casillas, etc., afectan y hacen variar el resultado. Así sucedió entre las dos instancias: municipal y regional, la primera tomó ciertas impugnaciones y le dio el triunfo al candidato del PAN; la segunda, le dio más importancia a otros detalles, y con ello revirtió la situación dándoselo al candidato del PRI.
Al llegar a la tercera y última instancia, el cual es el Tribunal Federal Electoral, la cuestión resultó también muy dividida entre los 7 magistrados. Tres se inclinaban por darle el triunfo a Felipe de Jesús Cantú, mientras los otros tres, se decantaban por Adrián de la Garza.
Ante esta situación, prefirieron una salida “salomónica”, y a mi parecer justa, declarar nula la elección y ordenar repetir las elecciones el próximo mes de diciembre. El haber dado el triunfo alguno no aseguraba la certeza de que así fueron realmente la mayoría del voto ciudadano, nos hubiéramos quedado con la duda.
El argumento central es que había una gran cantidad de hechos denunciados, las casillas donde se presentaron presuntas irregularidades eran suficientes para declarar que no existe certeza, y por más que se analicen no se puede tener la evidencia de lo que ahí sucedió.
Así las cosas, el tribunal mantuvo consistencia en sus criterios para juzgar, por un lado, si la diferencia de votos permite pensar que los actos reclamados no afectarían el resultado, como el caso de Cadereyta o San Pedro, entonces no revierten la elección; pero si no se puede tener la certeza, entonces, ser prudentes y declarar la nulidad, como es el caso de Monterrey.
Esta es mi opinión, usted tiene La Última Palabra.

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