La Revolución sobre rieles.

Por: José Ascención Tijerina Flores

Si Don Porfirio Díaz hubiera adivinado que el ferrocarril sería el primer transporte que usaría para su destierro y que además sus vías servirían a los revolucionarios para derrocarlo, talvez no lo hubiera impulsado tanto.
“La bola revolucionaria se formó en el campo y hasta ahí llego el ferrocarril a los alzados y soldaderas que viajaron en tren para llegar al campo de batalla poco les importó la historia que unía “al gusano de fierro” con el poder que buscaban destruir.
El 72% de la red ferroviaria existía cuando llegó la revolución, 19.2 mil kilómetros de vías, salvo 684.4 kilómetros que fueron construidos en la época de Antonio López de Santa Ana, pero fue Porfirio Díaz quien impulsó este medio de transporte tan eficiente sin imaginar que sería utilizado para derrocarlo.
Díaz propició a través de subsidios y facilidades de inversión la construcción del 70% del sistema ferroviario actual que se llevó más de 100 años para su construcción.
En 1824 se expidió el primer decreto para la construcción del ferrocarril inter oceánico que partiría del himno de Tehuantepec, aunque éste no prosperó (según el libro Los Ferrocarriles Mexicanos 1937-1987) en él se establece que la primera concesión operativa se otorgó en 1837 al mexicano Francisco Arriaga para construir la línea Veracruz – México.
Se planteó como inversión privada y obligaba al empresario a pagar al FISCO un millón de pesos luego de diez años después de su autorización. Tenía exclusividad de la ruta, pero la inestabilidad política y social así como la muerte del concesionario hicieron abortar el proyecto.
Entre 1837 y 1850 se otorgaron cuatro concesiones que por diversas causas no cumplieron siendo el gobierno quien tuvo que terminar la obra.
Para 1855 aparece Armando Escandón mexicano fundador del Ferrocarril de México, se concesionó a la empresa “MOSSO HERMANOS” la construcción del tramo México – La Villa pero las exigencias de Santa Ana de un 10% de las utilidades al FISCO más transportar a mitad de precio municiones y tropas obligaron a vender la concesión. La inestabilidad política y social propició nuevamente que el gobierno ofreciera subsidios para terminar la ruta México – Veracruz donde el propio Escandón terminó la obra bajo condición de no vender a extranjeros.
Al estallar la Guerra de Reforma nuevamente se congeló el proyecto, pero cuando Juárez regresó al poder eliminó el carácter de concesión vitalicia a la compañía. En 1872 se inauguró la ruta México – Veracruz.
Europa, Estados Unidos y el propio México financiaron la construcción en aquel proyecto. En diez años, el gobierno de Juárez otorgó 33 concesiones, 12 para mexicanos, 16 para estadounidenses y 5 para otros extranjeros.
Cuando Díaz llegó al poder trató de ordenar el sector, obligó a los concesionarios a cumplir los compromisos y permitió la participación de los Estados. Para 1884 ya era posible viajar de México a Chicago por el ferrocarril central mexicano.
Durante la última década del gobierno de Díaz fue tal la violencia que llevó a la quiebra al Ferrocarril Central y a través de una fusión gubernamental derivó en los Ferrocarriles Nacionales de México.
En 1937 el gobierno absorbió el control total de la Compañía. Y en 1997 se agudizó la crisis financiera y se otorgó la primera concesión por 50 años al grupo de inversionistas extranjeros que en la actualidad conforman el Grupo Ferroviario Mexicano.
¿Imaginaría Don Porfirio Díaz los alcances de su obra que por tanto tiempo él impulsó? Ironías de la vida, ¿No lo cree usted amable lector?

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *