Doña Candelaria, más de un siglo de ser ejemplo

*Una mujer recia, que sola educó a nueve hijos y que le tocó ver su sexta generación a sus 103 años.

Miguel Oscar Pérez
Sentada a la entrada del hogar en la calle Monte Ideal del segundo sector de Monte Kristal, doña Candelaria Pérez De León, ve pasar la vida con una sonrisa, su cabello blanco y los recuerdos que ya se le escapan poco a poco.
Ayudada por una de sus hijas en la entrevista, la abuelita de Monte Kristal luce aparte de su sonrisa una diadema rosa que destaca con la nieve de su pelo.
Nacida el dos de febrero de 1915, ha visto pasar un sinfín de cosas a lo largo de su vida, como parte de la revolución, nacimiento de los primeros partidos políticos, la expropiación del petróleo, la segunda guerra mundial y muchas historias más a lo largo del país y del mundo.
“Ya ni me acuerdo”, dice doña Cande cuando se le pregunta sobre la cantidad de hijos que tuvo, pero una hija a su lado la auxilia y aclara que tuvo nueve hijos, de los cuales tres de ellos ya se le adelantaron en el camino en su paso por esta vida.
“Yo creo que nos va a enterrar a todos”, dice una de sus hijas mientras le gana la risa.
Nacida en una comunidad llamada Santa María, perteneciente a Villagrán, Tamaulipas doña Cande quedó huérfana a muy temprana edad
Desde niña, ella se dedicó al trabajo, actividad que la siguió hasta su vejez, ya que desde pequeña era muy rápida en el trabajo de la ordeña de vacas, que al paso de los años le dejaron una marca en sus brazos por el esfuerzo y lo veloz que era para esa labor de campo.
Creció y se casó con un jornalero, el único amor de su vida, quien batalló mucho en lo económico, debido a que sólo tenía trabajos ocasionales y de muy poca paga, más sin embargo eran lo suficiente para sacar adelante a sus hijos, a quien inculcó siempre la disciplina del trabajo.
En medio de su pobreza, pero con felicidad en Villagrán, Tamaulipas, le sobrevendría una desgracia, que cambiaría el rumbo de su vida.
Su esposo fue contratado en una finca en Reynosa para hacer los trabajos propios de un rancho, sin embargo para darle el empleo al trabajador tamaulipeco, se despidió a un mal empelado de ese lugar que lleno de odio no soportó el desplazamiento y en una forma por demás cobarde, estuvo escondido para hacer una aberrante acción.
El esposo de doña Cande fue a una noria a sacar agua, sin pensar que la muerte acechaba, de pronto varios disparos rompieron el silencio del lugar, cayendo el hombre sin vida dejando atrás a una vida de trabajo, sola a su valiosa esposa y a nueve hijos en la orfandad.
La viuda era de extrema pobreza al igual que sus hijos, no pudo viajar a reclamar el cuerpo, no había ni un cinco para viajar a Reynosa y menos para pagar el traslado de un cuerpo y un funeral.
Sus hijos no pudieron ver a su padre ni despedirlo, un familiar del difunto como pudo pagó y lo sepultó y hasta hoy, no saben dónde está la tumba del jefe de la casa.
Viuda, sin dinero y con nueve hijos que mantener, Doña Candelaria desafió el reto que la vida le deparaba y la enfrentó con valor y dedicación, con un espíritu indómito de lucha y de trabajo lavando ajeno, haciendo tortillas a vecinos que la ocupaban, sacó adelante a sus hijos.
“Muchos padres no”, dice una de las abuelitas más ancianitas de Juárez, al aceptar sola el reto antes que buscar un padrastro para sus nueve hijos a loa que con coraje, trabajo y con decisión pudo alimentar y hacer gente de bien algunos de ellos hasta su muerte, ya que el mayor tenía más de 80 cuando partió
El reportero pregunta a una de sus hijas algún detalle que recuerde de su madre y responde que su carácter fuerte: “A mí me tiraba unas piedrotas muy grandes y yo corría para que no me alcanzara con las piedras”, relata.
Doña Candelaria sentada a su lado la escucha y esboza una sonrisa, quizá hurgando en su memoria esos recuerdos de tantos años que le causaban risa.
“Era muy dura, pero a todos nos enseñó a trabajar para salir adelante”, menciona una de las dos hijas presente quienes amorosas la cuidan con el respeto que no se ha perdido después de tantos años
Su llegada a tierras regias, fue cuando hace años uno de sus hijos se enfermó y viajó a Nuevo León para ayudarlo y apoyarlo y en esa forma se quedó a vivir aquí en los límites entre Juárez y Guadalupe, para después radicar en definitiva en el segundo sector de Monte Kristal en el 204 de la calle Monte Ideal.
Más de un siglo, tiene doña Cande, en su vida ha visto pasar muchos sucesos, pero no está ajena; le falla la memoria, pero no la razón, está perfectamente cuerda para su edad, sus ojos tienen la firmeza de su experiencia, sus arrugas su paso por la vida y su sonrisa por lo que disfruta aún de la bendición de estar en este mundo viendo a sus hijos, nietos bisnietos, tátaranietos y choznos (hijos de tátaranieto).

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