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El puro cascarón

Por: Ing. Jesús Herrera Rábago

Se suele decir que “en la vida hay tres cosas que no vuelven atrás: la flecha lanzada, la palabra pronunciada y la oportunidad perdida”. Quizá pudiera matizarse la frase, pues no dudo que en algunos casos excepcionales la misma oportunidad se presente dos o tres veces, pero lo ordinario es, como lo dice otro refrán: que “la oportunidad no toca dos veces a la misma puerta”.
Durante más de setenta años, los priistas dominaron el escenario político en lo que Mario Vargas Llosa, denominó la Dictadura Perfecta. Fue tanto el abuso que terminó por hartar al pueblo, quien en el año 2000 los echó de los Pinos.
Pasaron doce años, y las circunstancias se alinearon para que la ciudadanía les diera una segunda oportunidad. Merecida o no, así fue. Se puede decir que con Peña Nieto regresaron al poder relativamente fácil.
Tristemente para ellos y quienes les dieron la confianza, regresaron pensando que volvían al poder como en los años sesentas o setentas, donde el poder absoluto con que contaban les permitía hacer y deshacer a su antojo, incluso, hasta de forma cínica e irónica.
Con Peña Nieto llegaron una generación de priistas que saquearon sus estados de una forma descomunal, sin ningún recato o pudor se llenaron los bolsillos con una ambición desmedida. Y no sólo fueron gobernadores, también, gran cantidad de senadores, diputados y alcaldes, incluyendo el último priista que tuvimos en Cadereyta.
El otro aspecto fundamental que llevó al total desencanto, es que la gente en el 2012, después de un sexenio tan violento, tenía la idea que ellos iban a poder con el tema de la seguridad pública. La frase común era: “ellos sí saben cómo tranquilizar el país”. Desgraciadamente no pudieron y hasta resultó peor.
Por todo ello, este primero de julio el pueblo les cobró la factura, proporcionándoles la peor derrota de su historia. En la cámara baja sólo tendrá el 9% de los curules y han pasado a ser la quinta minoría.
Es cierto que en el 2000 muchos decían que el PRI se acababa, lo cual no sucedió pues lograron reagruparse después de la derrota, pero no hay que olvidar que entonces tenían muchas gubernaturas que les permitía tener poder político y, sobre todo, poder económico, además de ser la primera minoría en las cámaras.
Por si fuera poco, en aquella ocasión no quedaron con la marca tan desprestigiada como ahora. El estigma que ha quedado después de este sexenio no creo que sea fácil quitárselo.
Así las cosas, me atrevo a pensar que el PRI de esta ya no se levanta, y aunque no desaparezca de inmediato va ir bajando su votación pues sólo quedará el puro cascarón, pues la estructura –sindicatos y organizaciones- va irse con Morena como pasó en la Ciudad de México.
Esta es mi opinión, usted tiene La Última Palabra

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