VEDA ELECTORAL

Por: David López
Por ley entramos a la veda electoral, sin embargo déjenme decirles porque AMLOVER insiste en su amnistía, en su constitución moral y en un país amoroso. Porque es un liberal puro y basa su ideario en hombres que dejaron huella en el mundo como Adolfo Pérez Esquivel y para muestra un pedacito; para un hombre como yo, una pequeña voz de los que no tienen voz, que lucha para que se oiga con toda la fuerza el clamor de los pueblos, sin otra identificación que con el hombre latinoamericano y como cristiano. Vivo en un país que sufre entre la angustia y la Esperanza y en donde se inscribe mi historia, estoy convencido que la opción de la fuerza evangélica de la no-violencia. Una opción que prioriza un valor esencial y entrañablemente cristiano: la dignidad del Hombre, la sagrada trascendente e irrenunciable dignidad del hombre que le viene del hecho primordial de ser hijo de Dios y hermano en Cristo y por lo tanto hermano nuestro. No tenemos mucho que decir, pero sí, mucho que compartir para lograr a través de la lucha no-violenta la abolición de las injusticias, a fin de alcanzar una sociedad más justa y humana para todos. En este caminar junto a mis hermanos los pobres, los que son perseguidos, los que tienen hambre y sed de justicia, los que padecen por causa de la opresión, los que se angustian ante la perspectiva de la guerra, los que sufren la agresión de la violencia o ven postergados sus derechos elementales. Mi voz quiere tener la fuerza de la voz de los humildes. La voz que denuncia la injusticia y proclama la Esperanza en Dios y la Humanidad que es la Esperanza del Hombre que ansía vivir en la comunión y participación con todos los hermanos como hijos de Dios. Conocer es valorar una realidad con la vocación cierta de compartir su destino. Pero cuando vemos esa realidad que viven nuestros pueblos, en que millones de nuestros niños, jóvenes, adultos, ancianos viven bajo el signo del sub-desarrollo. La violencia institucionalizada, la miseria y la opresión generan una realidad dual, fruto de la persistencia de sistemas políticos y económicos creadores de injusticias, que consagran un orden social que beneficia a unos pocos: ricos cada vez más ricos a costa de pobres cada vez más pobres. Les hablo teniendo ante mis ojos el recuerdo vivo de los rostros de mis hermanos, los trabajadores, obreros y campesinos que son reducidos a niveles de vida infrahumana y limitados sus derechos sindicales, del rostro de los niños que padecen desnutrición, de los jóvenes que ven frustradas sus esperanzas, de los marginados urbanos, de nuestros indígenas, de las madres que buscan sus hijos desaparecidos, de los desaparecidos, muchos de ellos niños, de miles de exiliados, de los Pueblos que reclaman libertad y justicia para todos. Pero pese a tanto dolor vivo la Esperanza porque siento que México es un país puesto de pie, que podrán demorar su liberación, pero nunca impedir. Vivimos la Esperanza porque creemos, como San Pablo, que el amor nunca muere y que el hombre, en el proceso histórico, ha ido creando enclaves de Amor con la práctica activa de su solidaridad en todo el mundo hacia la liberación integral del hombre y los pueblos. Y es por esa fe en Cristo y en los hombres que debemos aportar nuestro esfuerzo humilde en la construcción de un mundo más justo y humano. Y quiero afirmarlo con énfasis: Ese mundo es posible. Y para construir esa nueva sociedad debemos estar con las manos abiertas, fraternas, sin odios, sin rencores, para alcanzar la reconciliación y la Paz, pero con mucha firmeza, sin claudicaciones en defensa de la Verdad y la Justicia. Porque sé que nadie puede sembrar con los puños cerrados. Para sembrar es necesario abrir las manos. Bienaventurados los que tienen hambre y sed de la justicia, porque ellos serán saciados. Bienaventurados los perseguidos por la causa de la justicia, porque de ellos es el Reino de los Cielos, Bienaventurados seréis cuando os injurien y os persigan y digan con mentira toda clase de mal contra vosotros por mi causa. Alegraos y regocijaos, porque vuestra recompensa será grande en los cielos; pues de la misma manera persiguieron a los profetas anteriores a vosotros.
(Mateo 5, 1-12). HASTA LA PRÓXIMA SDQ

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