Jimenences aportaron en la construcción del antiguo Palacio Municipal de Monterrey

Por: Dr. José Ascención Tijerina Flores

Cadereyta Jiménez, N. L.- Relata el cronista Alonso de León en sus escritos, que los torrenciales aguaceros de 1636 derribaron todas las casas de Monterrey dejándola “Hecha un desierto”.
Esta inundación deterioró las casas de cabildo que luego convirtieron en ruinas las nuevas inundaciones de 1642 y 1648. El 15 de febrero de 1653 el Gobernador Martín de Zavala ordenó su total demolición para “Llanar el suelo y limpiarlo de estiércol de las bestias que ahí se metían”.
Dispuso así mismo “Pregonar su reconstrucción porque convenía para lustre y formato de ésta dicha ciudad volver a hacerlas decentes y capaces”.
Afirma el cronista que “Eran muy escasos los artífices constructores y que un mecánico albañil era más caro que los muy famosos en su arte en las populosas ciudades”. No obstante se obtuvo el único proyecto de Don Juan Alonso Bazan, vecino de Cerralvo que por tres mil pesos entregó la obra el 27 de febrero de 1655, exactamente a los dos años del plazo convenido.
Este nuevo edificio consistía en una sala de 15 x 15 “varas”, techada de tejamanil, otra salida escritorio para el archivo, un pequeño portal al norte, el zaguán techado de morillo, la cárcel y el patio circulado de barda. Remataban al frente 14 columnas de piedra y cal labradas de Colorado.
El contratista “Bazan” entregó además el mobiliario: Una mesa y dos bancos, otra mesa de tres tablones y dos banco para la sala de consejo, el escudo de las armas Reales y para la cárcel dos “sepos”, unos de estos de “Pescuezo”, además la horca y la escalera.
Monterrey entero comentaba la paupérrima fisonomía desfavorable por Obispos y cronistas de la época. Este edificio capitular habría de servir por más de un siglo con las restauraciones de rigor.
Mediado el siglo XVIII Monterrey no sobre pasaba los tres mil habitantes, la colonización de Tamaulipas atrajo a muchos pobladores y por ello la ciudad se redujo a 685 vecinos y para rematar la ciudad fue arruinada por un diluvio acaecido en 1752. Monterrey volvió a sufrir los estragos del agua y quedó de nuevo sin casa reales ni cárcel.
Con el impuesto del 2% de alcabalas y el de una “Cuartilla” sobre del que se pagaba el ganado fue posible reunir 2000 pesos y para 1785 tener construidas 5 piezas.
El edificio lucia triste y tras intentos por dejarlos en buenas condiciones y propósitos de trasladarlos a sitios más altos (Actual esquina de las calles Juárez y Tapia) se optó por reparar de nuevo el inmueble original.
Jimenences que aportaron
Correspondió al Ayuntamiento de 1853 el privilegio de dar los últimos toques al edificio. El ordenamiento y el apoyo del Gobernador Agapito García Dávila (Oriundo de Cadereyta) permitieron la ampliación y acondicionamiento del edificio, además se ordenó la construcción de una segunda planta. En julio de ese año el herrero Gregorio Vega entrego el balcón corrido que fabricó a 19 pesos por vara (80 cm. Aprox.).
El taller de Santiago Riber hizo marcos de madera de mezquite para los portones principales en 250 pesos cada uno. Las puertas complementarias fueron hechas por Don Manuel Olivares y su gente originarios de Cadereyta que por aquel tiempo gozaban de buena fama como artesanos ebanistas, cobró 19 pesos por cada puerta, complementó la obra el empedrado de la plaza de armas frente al edificio, más la construcción de 22 bancas de cantera alternada con faroles, así como el cambio del mercado se encontraba en el patio central del edifico hacia ”la plazuela de la carne” (Hoy Plaza Hidalgo).
La obra terminada de la segunda planta se entregó en 1887 dando con ello un aspecto señorial e imponente que hasta la fecha luce el edificio.
Actualmente se encuentra convertido en el Museo Metropolitano de Monterrey donde luce y atesora utensilios y datos de los antepasados, además de la obra artesanal de habitantes de la región como la de Don Manuel Olivares originario de Cadereyta Jimenez Nuevo León.
Datos recabados de los apuntes de Don Israel Cavazos y Cesar Morado Macías.
Gracias

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *